He dado un paseo acompañado de mi joven amiga. Hacía tiempo que no hablábamos tiernamente. He pensado más de una vez que el tiempo borra la magia de los poetas y los músicos si estos no hacen honra a su don y realizan con ardor la tarea para la que han nacido. Es como una de esas extrañas justicias divinas. Yo te he dado poder para que lo uses, no para que lo olvides como se olvida el amor propio y hasta el amor de una mujer tan hermosa como aquella. La contemplé un instante sentada al borde de la fuente, con sus largos cabellos convertidos en fuegos fatuos a la par del arroyo. Contaba las piedras del estanque. Algunos, creyendo en magias y quimeras había lanzado algunas monedas al fondo de la fuente. No eran de altas tasas, pero lo suficiente como para que de vez en cuando, agún niño inteligente recorriera las aguas en busca de tesoros como verdaderos piratas amantes de su aventura. Todos perseguimos un tesoro, creo, y el mío estaba sentado en ese borde, contando esas piedras y tal vez, con la conciencia sumida en la acalorada esencia de todos los deseos que habrían tenido los amantes que arrojaban piedras y monedas. PEnsé entonces que Dios se había equivocado conmigo. Y que no merecía tanto el don de la música. Deseé me arrebatara todo lo que había compuesto, todo lo que podría llegar a componer, toda la gloria que pudiera llegar a condensar con tal de que ella estuviera...
Para, detente un momento. Tanto tú como yo sabemos que toda esa gloria pende de un hilo excesivamente fino. El amor, así es el nombre que muchos le dan, es la fuente creadora de la vida poética. Pues, ha de ser la misma fuente la uqe cree a la música.
Nunca podré crear a una Margueritte que reuna características tan especiales y divinas como la mujer que contemplaba.
Me acerqué, la miré y me senté a su lado. Creo que llegué a contar la historia, la necia historia, de los amantes que se convirtieron en mar para fundirse y así nunca separarse. "Creo que la vida está llena de historias de amor tan especiales como esta, o incluso más aún" Me dijo tiernamente y yo tiernamente sonreí. No sé lo que pudo durar el instante de silencio.
De lo que a continuación se habló me temo, fiel amigo, no deba contar nada pues excedería mis premisas y emitiría injurias sobre mí mismo. Más aún, sería tachado de traición y no es aquello lo que busco. Debo explicar que he perdido el juicio de lo que pude sentir o pensar. Sólo me queda una leve esencia. Nunca nadie creó música más hermosa. Creo que puedo estar preparado. Creo que puede llegar el aviso. Alguien tal vez me lo dirá y yo reponderé dulcemente con un labio abrazando a otro labio.
Eryk Von Bicken
Un hombre perdido entre un mundo y sus sueños

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