Eryk Von Bicken

Un hombre perdido entre un mundo y sus sueños

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Name: El Mimo
Location: Cartagena, Murcia, Spain

Friday, April 22, 2005

A Friedrich Wolfgang. Vienna.
Insel, 2 de Enero de 18...

Mi muy preciado amigo:
Te escribo esta carta copletamente afligido y consternado. Las sábanas tapan mi rostro a los temores de la oscuridad y los cementerios se me muestran cual infiernos de pasión y amor destronados. Me descubro sinceramente temeroso de las cosas oscuras. Pero no quiero causarte mala impresión ni preocuparte sin que tengas conocimiento pleno de cuanto me ha llevado a este estado de desolación.
Sabe, siempre he sido persona en extremo sensible a relatos fantasmagóricos y mi imaginación siempre ha dado demasiadas vueltas a hechos que para otros no pasarían la calificación de meramente anecdóticos. Desde niño he padecido de sombras que me perseguían tras la tinta de las cuartillos de autores trágicos. Tal vez, esas acusadas lecturas fueran las que me han forjado tal y como soy hoy en día.
Te lo contaré todo desde el principio. Hace un par de semanas, mi joven amiga me invitó a la recepción que preparaba un buen amigo suyo y de su padre. Un noble francés que, en ocasiones, gustaba de viajar por las tierras austriacas y tenía una acomodada residencia en Insel. Era un hombre de letras, gran escritor y poeta, según predicaban algunos. Cuando llegamos, mi joven amiga tardó poco en llevarme ante su presencia. Era un hombre más bien bajito y regordete, cubierto el rostro por una prominente barba que, sin embargo, no ocultaba un acento bonachón y sincero. Theophile Gautier me dijo se llamaba. Me comentó que trabajaba de crítico y novelista en París y que por suerte parecía que las cosas le iban bien. Yo me presenté como lo qeu soy, un simple pianista y compositor que busca crear su gran obra para descansar en paz. Estuvimos hablando durante toda la noche de mil diversos temas relacionados con el arte. Él tenía un lema que pareció exquisito: "l'art pour l'art" Era un gran poeta y un gran conocedor de la literatura universal. Hablamos de pintores, de músicos, de escritores, de las tendencias que iban apareciendo en esta época de razones extrañas. Hablamos del amor como motor del arte y del arte como motor de la vida. Hablamos, qué sé yo, de mil inquietudes y deseos de ambos. Me pareció una persona encantadora, ya lo he dicho y practicamente me sentí triste cuando la noche llegaba a su fin y debía retirarme de nuevo a mis aposentos. No obstante, antes de irme, mi anfitrión me invitó a que acudiera con él la noche siguiente a una velada que iba a hacer con varios artistas residentes en Insel y poblaciones cercanas. Una velada de arte, la llamaba. Me pareció fantástico y acepté de buen grado.
Cuando abandoné la mansión, acompañé a mi joven amiga hasta sus aposentos y posteriormente conduje mis pasos hasta mi propio lecho. Debo decir que esa noche no hablé demasiado con la bella Elise. Casi no cruzamos palabras, tan imbuido estaba en mis pensamientos sobre mi nuevo amigo y tanto notaba ella lo profundo de mi meditación. No sé, algo había cambiado en mí. De repente no me sentía tan solo en el mundo. De repente Margueritte era otro mundo nuevo de posibilidades y por primera vez en mucho tiempo me sentía con ganas de continuar mi obra, por primera vez me sentí imbuído de un espíritu creador nuevo. Cuando llegué a mi habitación decidí sentarme delante del piano y componer. Creo que pasé el resto de la noche escribiendo partes varias de la ópera. Todas esas escenas especiales entre mi idealizada dama y el desposeído Fausto tomaron toda su intensidad de auqella noche.
Agotado por el cansancio de la noche de fiesta y la posterior dedicación a la ópera, pasé gran parte del día durmiendo. Cuando llegó la noche mi nerviosismo en torno a lo que me podría encontrar en aquella extraña reunión de artistas era palpable, pero caballero como soy, traté de disimular todo lo que me carcomía ante la atenta y preocupada mirada de mi casera, la cual había interrumpido gran parte de mi sueño preocupada por si estaba enfermo. Una gran mujer, sin duda alguna.
De nuevo me encontré en el hogar de Gautier y una vez me llevaron a la sala donde me esperaban encontré varios rostros que conocí la noche anterior y otros totalmente nuevos. Me presentaron como "artista de la música" y vergonzoso tomé asiento en uno de lso sillones que había preparado. La chimenea estaba encendida y a los pies de los sillones, dos mesillas de té servían de apoyo a una gran cantidad de libros que los invitados habían traido. Pude comprobar que algunos tenían como autor a varios de los presentes mientras que otros eran de autores ya clásicos de la literatura. Pude ver una cantidad llamativa de libros de autores clásicos como Virgilio y Catulo, Dante, Petrarca, Quevedo y otros tantos. La velada comenzó con la presentación de varios escritos que habían producido en los últimos tiempos dos de los invitados. Eran textos rebosantes de romanticismo y pasión. Las nuevas tendencias literarias está claro por dónde se iban decantando. Acto seguido, tras que los sirvientes nos endulzaran con varios postres de paladar exquisito y té, pasamos a contemplar varias obras de pintores esa noche presentes. Uno de ellos velaba por la perfección en las líneas, por remarcar la "realidad" de sus pinturas y dotarlas de una esencia tétrica y desgastada, como él mismo decía. Otro de los que nos presentaron sus obras, en cambio, prefería la sana esencia del impulso creador más que la perfección en unas líneas que existían, según su opinión y trabajo, para difuminarlas y confundirlas, más que para remarcarlas. Autores grandes, sin duda, de los cuales estaba seguro la historia haría honor. Seguidamente pasaron a discutir varios temas relacionados con el arte y la maravillosa esencia que lo cubre. Discusiones todas ellas muy gratificantes y especiales. Descubrí que todos los allí presentes eran verdaderos estudiosos del arte y del mundo y la vida en general. Eran expertos en el sentimiento sensible y poetizado de la vida.
La velada se me pasó en un suspiro y cuando parecía que llegaba a su punto final, nuestro anfitrión tomó la palabra y dijo que había llegado el momento de presentarnos un relato que había escrito al que le tenía mucho aprecio. Dijo que lo había titulado "La muerta enamorada". Apagó las velas y con la sola luz de la chimenea empezó a hablar sin leer ningún papel, lo conocía de memoria. Debo decir que las palabras se clavaron profundamente en mi alma y el joven cura protagonista de la obra me causó tal impresión que casi me sentí él y por las noches he temido despertar y verme convertido en una sombra de mis deseos. Todos somos dos personas, una que mostramos a la luz del día y otra que escondemos en las sombras. El cura del relato de Gautier estaba enamorado de una Vampira, una mujer que le entregó su amor a cambio de su sangre. Pero la maldad humana aumenta los desequilibrios de la religión y el cura pagó por sus pecados, por no haber aceptado amar.
Lloro como si la historia hubiera sido real, como si realmente la hubiera padecido yo. Espero de Gautier el permiso para poder hacer una copia y enviártela.
Desde esa noche, varias veces hemos quedado y hablado. Hace dos días se despidió cortésmente de todos nosotros alegando que por asuntos de negocios debía volver a París. Marchó y prometió un pronto regreso.
Es una de las personas que más me alegro de haber conocido y de las que más me han ayudado, inconscientemente, con mi obra. Se lo agradezco y espero sinceramente volver a verlo.
Espero de tu consejo y tus noticias, mi muy preciado amigo. También espero de esa visita prometida en tu anterior carta. Creo que te gustará este pueblo y sus gentes tan ausentes de avaricia y maldad. También quiero que conozcas a Elise.

Mis más especiales recuerdos
Eryk Von Bicken

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