Eryk Von Bicken

Un hombre perdido entre un mundo y sus sueños

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Location: Cartagena, Murcia, Spain

Monday, April 25, 2005

He caminado entre nieblas y he visto mi misma mano desaparecer ante mis mismos ojos, esos mismos ojos que han visto llorar tantas veces a esas muñecas de cera.
Tengo la extraña sensación de que toda la esencia de un instante, toda la gracia de la eternidad quedan guardadas en las lágrimas de esas muñecas. Las he observado durante horas y he temblado de la emoción. Si acaso yo mismo fuera un ser inanimado. Enraizaría el musgo recorriendo mis costados y anudando mi mundo a su esencia... si acaso no lo ha hecho ya. ¡Tantas cosas hay en el mundo que nos causan pavor! Tanto más cuando nosotros somos el principal objeto de nuestros miedos.
Ya no sé ni lo que escribo. Esta es una noche solitaria y triste, una noche apagada y sin fuerza. He visto desaparecer mi rostro delante de mis ojos y todavía me pregunto cómo.

Saturday, April 23, 2005

A Friedrich Wolfgang. Vienna.
Insel, 6 de Enero de 18...

Querido amigo:
El otro día tuve a bien acompañar al señor Levén. Es un gran hombre, ya te lo he dicho en alguna carta, padre de mi amiga y experto médico de la pedanía. Como se ha vuelto costumbre durante las tardes de domingo, visito a mi joven amiga en su hogar y acompañado de su familia, tomamos té durante toda la tarde y charlamos de muy diversos temas de actualidad. Siempre se muestran muy interesados en mi obra y también gustan mucho de preguntar por la vida en Vienna. La conocen por gran centro romántico y cultural y son muchos los habitantes de esta pedanía que sueñan con abandonar sus tierras y lanzarse a la aventura vienesa. Los más jóvenes dedican gran parte de sus tiempos de ocio a preparar cruzadas que los lleven a la ciudad mientras que los tutores y padres se esfuerzan por hacerles entender que lo primero es una buena preparación en letras y ciencias, cosas que ellos encuentran falaces. El caso es que mi última visita resultó en extremo distinta al resto puesto que cuando llegué encontré, como era habitual, a la joven señora de la casa y a Elise en el salón de té acompañadas de la señora Bowie, una vecina amiga de la familia. También estaba presente el pequeño Bowie, un muchacho inquieto de unos 15 años que acompañaba normalmente a su madre cuando visitaba a la familia Levén. Lo que llamó mi atención fue la ausencia del señor Levén al cual me excusaron por motivos de trabajo. Según me comentaron, había acudido a ver si había sanación posible para un hombre que se había perdido a sí mismo. "Un pobre diablo" comenzó a exclamar la señora Bowie, "Un castigo del cielo, sin lugar a dudas, sólo Dios sabe los pecados que habrá cometido ese hombre para que ni él mismo..." No pudo acabar la frase. Elise la miraba con un acento recriminatorio. Si bien la mujer era amiga de la señora Levén, no así ocurría con su hija quien la tenía por una señorona acomodada y pérfida qeu no conocía más grandeza que ella misma y el resto se le desvelaba como miserioso. Una mujer, según me había comentado hace tiempo Elise, que igualaba la miseria de las personas a los pecados, para ella, una persona pobre, era pobre porque lo merecía, porque Dios la había condenado a ello. No es de extrañar que la sensibilidad de mi amiga chocara con las aristocráticas formas de la dama en cuestión.
Tras el silencio repentido, la señora Levén tuvo a bien comentarme que su esposo se había retirado pues desde hace un mes, habitaba en el pueblo un hombre del que nadie conocía procedencia, ni aún él mismo. Era un hombre que había venido moribundo y sin memoria de quién era. Comentaba que ni siquiera recordaba su nombre. Desde aquel momento había estado bajo los cuidados de una señora viuda que tuvo a bien acogerlo en su casa. de vez en cuando el doctor Levén había acudido en ayuda del hombre, buscando algún remedio que pudiera serle útil para ayudarlo a recuperar su pasado. No obstante todo había sido en vano. la urgencia de aquel día venía por una pesadilla que, según le habían comentado, había tenido el hombre aquella noche y el doctor creía que podía ser parte de su pasado que surgía a través de su subconsciente en los sueños.
Escuché el relato de la señora Levén con suma atención y sentí deseos de ver al hombre. Así se lo comuniqué a Elise quien accedió a acompañarme. De camino al hogar de la viuda Lenk, mi amiga me comentó que el hombre mostraba ya cierta ancianidad y que según los ropajes que vestía, podía haberse tratado de un noble o un burgués acomodado.
Llegamos a la casa de la ciuda quien nos recibió con suma amabilidad y nos comunicó que el señor Levén estaba ahroa mismo hablando con el hombre y había pedido que nadie les interrumpiera. Nos dijo que si deseábamos nos prepararía té para hacer más agradable la espera. Accedimos de buena gana y durante algo más de una hora gozamos de la amable compañía de una señora que a pesar de ser viuda y haber amado todos los días de su vida al que fuera su marido, había aceptado lo que el cielo le había deparado y procuraba llevar una existencia de lo más feliz y provechosa para el día en que le tocara a ella abandonar esta tierra, poder hacerlo con una sonrisa y que de esta forma, cuando encontrara a su marido, lo primero que viera de ella fuera esa sonrisa complaciente y sincera. Una muy grata mujer sin lugar a dudas. Debo confesarte una cosa. A pesar de que prestaba atención a cuanto nos relataba, cual los amantes que conociera Dante en su infierno, no podía evitar torcer la mirada mil veces buscando a Elise quién me miraba por momentos enrojecida y vergonzosa. Tal vez, pensé, ella me busque como la busco yo y desee lo mismo que mis sueños desean. Por respeto a la dama que nos había acogido, busqué una forma de cambiar de tema y que me hablara de aquel hombre al que había acogido. no tuvo tiempo de contarnos mucho antes de que el señor Levén hiciera acto de presencia. La señora le comentó el motivo de nuestra visita y al poco apareció por la puerta un hombre de aspecto anciano, ataviado con ropas que según pude deducir habían pertenecido al señor de la casa en la que nos econtrábamos, quien nos miraba con un acento extraño y medio temeroso. El doctor le invitó a que se sentara, cosa que él mismo hizo mientras la viuda Lenk les servía a ambos té. Estuvimos hablando durante un buen rato y siempre notaba al hombre serio y perdido entre las palabras. Era muy extraño. Lo contemplé realmente conmovido. No sabría explicar realmente la sensación de angustia que me causaba ver a aquel hombre. Pensé que igual que él había caido en el olvido de sí mismo, ¿Qué nos impedía a los demás caer en el mismo vacío, en la misma oscuridad? Temí que llegado yo a la ancianidad acabara mis días olvidado de quien había sido, temí ser ese hombre que nos miraba a todos temeroso, perdido y triste.
nos despedimos pronto y tanto el doctor como Elise y yo nos retiramos a nuestros aposentos. El buen doctor me invitó a que los acompañara durante la cena, pero cortésmente hube de rehusar. Gran aflicción sentía en ese momento mi ser y lo único que deseaba era volver a la soledad de mi dormitorio. A mi secreta oscuridad para meditar sobre mí mismo y pedirle a Dios que si había de llegar el día en que yo mismo perdiera la conciencia de mi ser, que al menos me hubiera dejado el tiempo suficiente para escribir lo suficiente sobre quién había sido para poder releerlo y así, en parte, siempre recordarme aunque lo hiciera como si se tratara de una novela externa a mi propia existencia. Tal fue el impacto que me causó la visión de aquel hombre.

Mi querido Friedrich, hoy más que nunca deseo volver a saber de ti, de mi hermano, de su familia y de todos nuestros amigos de Vienna. Cuéntame todo, hasta el más mínimo detalle que yo sabré amarlo como se debe.

Amigo por siempre
Eryk Von Bicken

Friday, April 22, 2005

A Friedrich Wolfgang. Vienna.
Insel, 2 de Enero de 18...

Mi muy preciado amigo:
Te escribo esta carta copletamente afligido y consternado. Las sábanas tapan mi rostro a los temores de la oscuridad y los cementerios se me muestran cual infiernos de pasión y amor destronados. Me descubro sinceramente temeroso de las cosas oscuras. Pero no quiero causarte mala impresión ni preocuparte sin que tengas conocimiento pleno de cuanto me ha llevado a este estado de desolación.
Sabe, siempre he sido persona en extremo sensible a relatos fantasmagóricos y mi imaginación siempre ha dado demasiadas vueltas a hechos que para otros no pasarían la calificación de meramente anecdóticos. Desde niño he padecido de sombras que me perseguían tras la tinta de las cuartillos de autores trágicos. Tal vez, esas acusadas lecturas fueran las que me han forjado tal y como soy hoy en día.
Te lo contaré todo desde el principio. Hace un par de semanas, mi joven amiga me invitó a la recepción que preparaba un buen amigo suyo y de su padre. Un noble francés que, en ocasiones, gustaba de viajar por las tierras austriacas y tenía una acomodada residencia en Insel. Era un hombre de letras, gran escritor y poeta, según predicaban algunos. Cuando llegamos, mi joven amiga tardó poco en llevarme ante su presencia. Era un hombre más bien bajito y regordete, cubierto el rostro por una prominente barba que, sin embargo, no ocultaba un acento bonachón y sincero. Theophile Gautier me dijo se llamaba. Me comentó que trabajaba de crítico y novelista en París y que por suerte parecía que las cosas le iban bien. Yo me presenté como lo qeu soy, un simple pianista y compositor que busca crear su gran obra para descansar en paz. Estuvimos hablando durante toda la noche de mil diversos temas relacionados con el arte. Él tenía un lema que pareció exquisito: "l'art pour l'art" Era un gran poeta y un gran conocedor de la literatura universal. Hablamos de pintores, de músicos, de escritores, de las tendencias que iban apareciendo en esta época de razones extrañas. Hablamos del amor como motor del arte y del arte como motor de la vida. Hablamos, qué sé yo, de mil inquietudes y deseos de ambos. Me pareció una persona encantadora, ya lo he dicho y practicamente me sentí triste cuando la noche llegaba a su fin y debía retirarme de nuevo a mis aposentos. No obstante, antes de irme, mi anfitrión me invitó a que acudiera con él la noche siguiente a una velada que iba a hacer con varios artistas residentes en Insel y poblaciones cercanas. Una velada de arte, la llamaba. Me pareció fantástico y acepté de buen grado.
Cuando abandoné la mansión, acompañé a mi joven amiga hasta sus aposentos y posteriormente conduje mis pasos hasta mi propio lecho. Debo decir que esa noche no hablé demasiado con la bella Elise. Casi no cruzamos palabras, tan imbuido estaba en mis pensamientos sobre mi nuevo amigo y tanto notaba ella lo profundo de mi meditación. No sé, algo había cambiado en mí. De repente no me sentía tan solo en el mundo. De repente Margueritte era otro mundo nuevo de posibilidades y por primera vez en mucho tiempo me sentía con ganas de continuar mi obra, por primera vez me sentí imbuído de un espíritu creador nuevo. Cuando llegué a mi habitación decidí sentarme delante del piano y componer. Creo que pasé el resto de la noche escribiendo partes varias de la ópera. Todas esas escenas especiales entre mi idealizada dama y el desposeído Fausto tomaron toda su intensidad de auqella noche.
Agotado por el cansancio de la noche de fiesta y la posterior dedicación a la ópera, pasé gran parte del día durmiendo. Cuando llegó la noche mi nerviosismo en torno a lo que me podría encontrar en aquella extraña reunión de artistas era palpable, pero caballero como soy, traté de disimular todo lo que me carcomía ante la atenta y preocupada mirada de mi casera, la cual había interrumpido gran parte de mi sueño preocupada por si estaba enfermo. Una gran mujer, sin duda alguna.
De nuevo me encontré en el hogar de Gautier y una vez me llevaron a la sala donde me esperaban encontré varios rostros que conocí la noche anterior y otros totalmente nuevos. Me presentaron como "artista de la música" y vergonzoso tomé asiento en uno de lso sillones que había preparado. La chimenea estaba encendida y a los pies de los sillones, dos mesillas de té servían de apoyo a una gran cantidad de libros que los invitados habían traido. Pude comprobar que algunos tenían como autor a varios de los presentes mientras que otros eran de autores ya clásicos de la literatura. Pude ver una cantidad llamativa de libros de autores clásicos como Virgilio y Catulo, Dante, Petrarca, Quevedo y otros tantos. La velada comenzó con la presentación de varios escritos que habían producido en los últimos tiempos dos de los invitados. Eran textos rebosantes de romanticismo y pasión. Las nuevas tendencias literarias está claro por dónde se iban decantando. Acto seguido, tras que los sirvientes nos endulzaran con varios postres de paladar exquisito y té, pasamos a contemplar varias obras de pintores esa noche presentes. Uno de ellos velaba por la perfección en las líneas, por remarcar la "realidad" de sus pinturas y dotarlas de una esencia tétrica y desgastada, como él mismo decía. Otro de los que nos presentaron sus obras, en cambio, prefería la sana esencia del impulso creador más que la perfección en unas líneas que existían, según su opinión y trabajo, para difuminarlas y confundirlas, más que para remarcarlas. Autores grandes, sin duda, de los cuales estaba seguro la historia haría honor. Seguidamente pasaron a discutir varios temas relacionados con el arte y la maravillosa esencia que lo cubre. Discusiones todas ellas muy gratificantes y especiales. Descubrí que todos los allí presentes eran verdaderos estudiosos del arte y del mundo y la vida en general. Eran expertos en el sentimiento sensible y poetizado de la vida.
La velada se me pasó en un suspiro y cuando parecía que llegaba a su punto final, nuestro anfitrión tomó la palabra y dijo que había llegado el momento de presentarnos un relato que había escrito al que le tenía mucho aprecio. Dijo que lo había titulado "La muerta enamorada". Apagó las velas y con la sola luz de la chimenea empezó a hablar sin leer ningún papel, lo conocía de memoria. Debo decir que las palabras se clavaron profundamente en mi alma y el joven cura protagonista de la obra me causó tal impresión que casi me sentí él y por las noches he temido despertar y verme convertido en una sombra de mis deseos. Todos somos dos personas, una que mostramos a la luz del día y otra que escondemos en las sombras. El cura del relato de Gautier estaba enamorado de una Vampira, una mujer que le entregó su amor a cambio de su sangre. Pero la maldad humana aumenta los desequilibrios de la religión y el cura pagó por sus pecados, por no haber aceptado amar.
Lloro como si la historia hubiera sido real, como si realmente la hubiera padecido yo. Espero de Gautier el permiso para poder hacer una copia y enviártela.
Desde esa noche, varias veces hemos quedado y hablado. Hace dos días se despidió cortésmente de todos nosotros alegando que por asuntos de negocios debía volver a París. Marchó y prometió un pronto regreso.
Es una de las personas que más me alegro de haber conocido y de las que más me han ayudado, inconscientemente, con mi obra. Se lo agradezco y espero sinceramente volver a verlo.
Espero de tu consejo y tus noticias, mi muy preciado amigo. También espero de esa visita prometida en tu anterior carta. Creo que te gustará este pueblo y sus gentes tan ausentes de avaricia y maldad. También quiero que conozcas a Elise.

Mis más especiales recuerdos
Eryk Von Bicken

Monday, April 18, 2005

Elegí Insel por su mar. Nunca había estado en unas tierras bañadas por la dulce fragancia del mar. A veces pienso que me gustaría ser tragado por esas olas. Me encantaría desaparecer tras un suspiro de espuma blanca embravecida. Ahí me gustaría quedarme, mudo y ciego en la profundidad.
Descanse la pluma y neguemos las sandeces.

Friday, April 15, 2005

Poco a poco he llegado a este punto. Tal vez debiera volver a dibujar.

Thursday, April 14, 2005

Te pido mis más humildes disculpas, dulce amiga; pero era algo que debía hacer. Nunca he permanecido tanto tiempo carcomiéndome en mis paradojas, nunca he sentido de forma tan profunda inquietud y recelo de mí mismo. A veces pienso que la cordura es un bien sólo aceptable para el que está loco. ¿Pero qué es estar loco realmente? Amar y no ser visto. He pensado muchas veces en el significado de tu aparición, he pensado mil veces en lo que debía cambiar de mí mismo y lo que estaba dispuesto a observar de mis entrañas. Mil sueños he tenido en respuesta a mil plegarias, pero a cual más confuso. A veces pienso en cerrar los ojos y dejarme guiar como un ciego. Pienso que, tal vez, la vida sin poder ver es la mejor solución para los problemas mundanos. Dejarse llevar por la corriente de un leve riachuelo y no tener que pensar nunca más en las consecuencias de nuestros actos. A veces pienso que es todo demasiado desesperado para pertenecer a una persona sola. A veces pienso que he esperado demasiado. Es curioso. A veces pienso que pienso demasiado. Otros en mi situación, no lo negaré, hace tiempo que habrían cambiado el curso del viento a su favor y hubieran barrido nuevas costas. Tal vez, de haberlo hecho, sería, acaso, más feliz de lo que nunca podría imaginar. Pero dudo, cual ser sensible, las terribles consecuencias que una sola palabra mía puedan acarrear...
He esperado poder ahuyentar los fantasmas de mi pasado. Desde mi retiro en Insel he conocido muchas cosas nuevas, otros mundos que no esperaba. Y ahora, sinceramente, desearía que todos estos mundos nunca hubieran existido.

Wednesday, April 13, 2005

Reina de la noche

No tengo fuerzas siquiera para alzar la vista de mi pupitre. Tengo miedo de mí mismo y de mis propias palabras. Tengo miedo de la luz, y también temo cualquier sonido que altere mi calma. La sensibilidad es pasmosa y horrible, nada hay en el mundo que me pueda calmar, nada que me pueda sosegar de este imperecedera miseria salvo el aliento de esta cuartilla. Mi pluma ha envejecido y yo con ella, muerto en un limbo de ideas y supersticiones sobre mí mismo y mi futuro. Mi pasado ya no es lo que solía ser ¿Verdad? Tantas veces emborronado en la noche. ¡Reina de la noche! Tú, que observas desde el fondo de ese manto de penumbras y secretos. Mírame, observa en fijos destellos mi rostro humeante de desconsuelo. Absorbe hacia ti mi destronado aspecto y muestra en especial sinfonía los sobresaltos de los muertos. ¡Tantas veces he soñado con abrazarte! Si acaso al humedecer nuestros labios lo sintiéramos deslizarse... ¡Tantas veces he esperado, enamorado, tu presencia en mis párpados! Sólo necesitaba sentirme observado, sentir que alguien, detrás mía, contemplaba lo que el espejo a mis mismo ojos regalaba.
Temo de mí mismo hasta los suspiros. las certezas no son más que engaños de cordura. Nosotros mismos somos un animal de dos caras. Una cara es la razón, la otra la inspiración. Si acaso pudiéramos mirarlas a ambas sin temblar...
¡Ojalá alguien lo suficientemente inteligente pudiera borrar mi estela de este cuaderno! Tendría tanto que agradecerle...

Sunday, April 10, 2005

La ensoñación traducida de notas olvidadas por el alma es del tal magnitud para el que lee que no hay más poder, no hay mayor encuentro que el del alma consigo misma, con sus propias y dignas miserias.
La certeza me ha llevado muchas veces a imaginar sucesos de tal magnitud que...
¡Bah, todo son tonterías! toda reflexión filosófica intentada no es más que vana facha en búsqueda de algo que pueda ocultar realidades dispares y horribles para todos.
Desde mi ventana difruto de la dulce visiónde la joven Elise jugando con un coro de niñas y niños que saltan la cinta y bailan animadamente. Todos cantan y sonríen juntos, hasta ese pobre niño que ha tropezado y señala mirando al suelo un preciado objeto que recoge mi amiga con aspecto delicado, sonríe y canta apartando el dolor de la caída.
Esta noche estoy especialmente cansado y con pocas ganas de escribir.
Tantos hombres viven aún ilusionados...
la magia desapareció el día en que crecí y descubrí que el mundo no es más que un rincón de locuras y ensoñaciones inmundas. Todos tenemos derecho a crearnos nuestro mundo, la tristeza es tal cuando ese mundo que nos creamos es el mundo que tanto odiamos.
Estoy cansado...
La dulce Elise canta con esos niños; ¡Ah, es tan dulce observar tan gráciles movimientos! Mientras ella baile y siga la infancia siendo máscara de magias y dulces de jazmín envueltos, tendré la satisfacción en mi pecho de sentir que hay felicidad al fin y al cabo.

He dado un paseo acompañado de mi joven amiga. Hacía tiempo que no hablábamos tiernamente. He pensado más de una vez que el tiempo borra la magia de los poetas y los músicos si estos no hacen honra a su don y realizan con ardor la tarea para la que han nacido. Es como una de esas extrañas justicias divinas. Yo te he dado poder para que lo uses, no para que lo olvides como se olvida el amor propio y hasta el amor de una mujer tan hermosa como aquella. La contemplé un instante sentada al borde de la fuente, con sus largos cabellos convertidos en fuegos fatuos a la par del arroyo. Contaba las piedras del estanque. Algunos, creyendo en magias y quimeras había lanzado algunas monedas al fondo de la fuente. No eran de altas tasas, pero lo suficiente como para que de vez en cuando, agún niño inteligente recorriera las aguas en busca de tesoros como verdaderos piratas amantes de su aventura. Todos perseguimos un tesoro, creo, y el mío estaba sentado en ese borde, contando esas piedras y tal vez, con la conciencia sumida en la acalorada esencia de todos los deseos que habrían tenido los amantes que arrojaban piedras y monedas. PEnsé entonces que Dios se había equivocado conmigo. Y que no merecía tanto el don de la música. Deseé me arrebatara todo lo que había compuesto, todo lo que podría llegar a componer, toda la gloria que pudiera llegar a condensar con tal de que ella estuviera...
Para, detente un momento. Tanto tú como yo sabemos que toda esa gloria pende de un hilo excesivamente fino. El amor, así es el nombre que muchos le dan, es la fuente creadora de la vida poética. Pues, ha de ser la misma fuente la uqe cree a la música.
Nunca podré crear a una Margueritte que reuna características tan especiales y divinas como la mujer que contemplaba.
Me acerqué, la miré y me senté a su lado. Creo que llegué a contar la historia, la necia historia, de los amantes que se convirtieron en mar para fundirse y así nunca separarse. "Creo que la vida está llena de historias de amor tan especiales como esta, o incluso más aún" Me dijo tiernamente y yo tiernamente sonreí. No sé lo que pudo durar el instante de silencio.
De lo que a continuación se habló me temo, fiel amigo, no deba contar nada pues excedería mis premisas y emitiría injurias sobre mí mismo. Más aún, sería tachado de traición y no es aquello lo que busco. Debo explicar que he perdido el juicio de lo que pude sentir o pensar. Sólo me queda una leve esencia. Nunca nadie creó música más hermosa. Creo que puedo estar preparado. Creo que puede llegar el aviso. Alguien tal vez me lo dirá y yo reponderé dulcemente con un labio abrazando a otro labio.

Saturday, April 09, 2005

Una presentación de un Historiador o amigo

He buscado encarecidamente y sin descanso durante varios meses textos o partituras que desnudaran la realidad de la existencia de Eryk Von Bicken. Día y noche he intentado comprender las complejas relaciones que éste ser tan especial podía tener con mi propia existencia y comprensión de la realidad. Me sumí en un laberinto de legajos de papel ensombrecidos por el moho y la carcoma intentando, con encarecido afán, dar con una sola muestra de existencia veraz del que se convirtió en misterio tras la carta que encontré escondida en un viejo baúl que mi anciano abuelo guardaba en la trastienda de su librería en París. No puedo decir que mis conocimientos del alemán fueran excepcionales y con éste inconveniente y el disponer de únicamente una carta a la que le faltaba el final emborronado por el paso del tiempo, creía, tal vez, mi tarea imposible y falaz. No obstante, había algo que me empujaba a continuar hasta que finalmente viajé a Viena y estuve frente a la puerta de donde databa la carta. Cuál fue mi alegría al descubrir que era habitada por una mujer de nombre Christine Von Bicken. Tan emocionado estaba y tan alterados mis nervios ante el descubrimiento. Me sentía un Colón al poner finalmente el pie en las indias o tal vez un Víctor Frankenstein al descubrir el secreto para crear vida. Llamé a la puerta suavemente, como el que teme que todo se desmorone tras el tacto, una casa, tal vez, de arena y niebla. Pronto oí una voz en alemán del que deducía un joven muchacho de no más de veinte años que se apresuraba a recibirme. Cuando me abrió se me quedó extrañado mirando. No me reconoció, evidentemente y tras que le mostrara la carta y el motivo de mi visita un acento extraño le recorrió el rostro y no pude advertir si realmente conocía a Eryk o si me tomaba por un loco o mendigo que buscaba cualquier excusa para disfrutar de una cena caliente. Antes de que contestara la negativa del conocimiento, oí una voz que desde el fondo de la estancia se acercaba. Era la voz de una mujer ya anciana que caminaba apoyada en un bastón y se notaba bastante deteriorada en su aspecto físico cuando la vi aparecer ante mí. Mantenía una sonrisa en sus labios que me hizo sonreír a mi vez sin saber muy bien el motivo.
- Yo conocí a tu abuelo –empezó a decir en un perfecto francés- joven Louis Devienne.
El oír de los labios de esa anciana de aspecto tan bondadoso mi propio nombre causó tal impacto en mi propio ser, que creo, perdí durante varios minutos la conciencia de donde estaba y vagué, tal vez, como vagan los que se vuelven locos después de haber estado demasiado tiempo cuerdos, por ese limbo de ideas y concepciones a cuál más siniestra y extraña. ¿Quién era realmente esta mujer? Y, ¿Qué sabía de mí y de mi familia? Estas preguntas y otras del estilo golpeaban mi cabeza cuando con la más hermosa de las dulzuras, la anciana Christine continuó.
- Así pues, el bueno de Louis ha abandonado definitivamente a los nuestros para reunirse con Eryk
Al fin oía su nombre. Lo había deseado durante demasiado tiempo y no había podido pararme a pensar lo que sentiría o exclamaría o pasaría ante la posibilidad de su real existencia.
- ¿Conoció usted a Eryk?
La mujer sonrió en este punto aun más de lo que lo había hecho, y con la misma dulzura del principio, continuó.
- Tanto como puede conocer una hija al que fue su padre.

De lo que a partir de este punto ocurrió, tengo confusas imágenes. Sólo puedo advertir que estuve hablando con la mujer hasta bien avanzada la noche y cuando me iba a retirar a dormir, me había preparado un cuarto para mi descanso, me hizo entrega de una cajita de cartón con la siguiente advertencia.
- Muchos años ha permanecido esta cajita en mis manos con la tristeza de no haber podido cumplir una promesa. Aquí guardo los diarios y toda la correspondencia mantenida por mi padre con mi madre, su buen amigo Friedrich, su hermano y con tu propio padre, señorito Louis Devienne. Sólo lamento que ya se acerca mi momento de reunirme con todos ellos y esto no ha visto la luz. En su lecho, Friedrich Wolfgang hizo prometerme que legaría la historia del que, para él, fue más que un amigo. Le pido, igualmente, señor Devienne, sea usted el que complete esta tarea que en mi vejez me ha sido vedada. Se lo suplico en recuerdo de su padre y de los amigos que tuvo. Buenas noches.
Conforme llegaba al final de su discurso, los ojos se le habían enjugado en lágrimas y se retiró tan rápido a su dormitorio que poco pude añadir a sus palabras más que un casi ininteligible “gracias”.
Como podrá advertir el lector, no dormí en toda la noche leyendo la cantidad enorme de papeles que guardaba la cajita. Pude advertir la presencia de dos diarios. Uno de los cuales adiviné de Eryk y el otro, por la coincidencia de letras, de Elise Bak. Agolpadas alrededor de los dos cuadernos, un centenar de cartas completaban el inventario que me propuse leer aquella noche con la convicción de que aunque estuviese en mi deseo dormir, no lo hubiera podido llevar a cabo poseyendo, como poseía, tan magnífico tesoro. Así pues leí y conforme más leía, más sorprendidos y maravillados se mostraban mis ojos. Era como un niño que acaba de descubrir el cielo y no puede parar de mirarlo y tema cerrar los ojos no sea que al volver a abrirlos, ese hermoso manto ya no esté ahí.

El pasado

Este blog ha sido creado con un propósito muy concreto y específico. Hablar de la figura de un hombre: Eryk Von Bicken. Su historia se cuenta a través de sus cartas y a través de sus diarios y en ocasiones pensamientos.
Todo esto empezó a tomar forma hace ya demasiado tiempo dentro de la página www.deadjournal.com/users/bicken
Quienes quieran echar un vistazo a lo que ha sido su trayectoria podrán moverse hacia esa página. En torno a la nueva presencia de Bicken, afirmaré que si bien su residencia primera es Viena, el pueblo al que se retira está bastante al norte y le hemos puesto el nombre ficticio de "Insel". Un pueblo que se encuentra muy al norte, fuera de los contornos austriacos y toda la acción se desarrolla en algún punto no comprometido del siglo XIX.
Verán similitudes, no lo niego, en la forma de haber creado todo esto con Las penas de Werther. En el momento en el qe creé a eryk no buscaba originalidad, simplemente buscaba un medio de expulsar los demonios que me carcomían. Toda su historia, finalmente, ha evolucionado sola y puedo afirmar que no tiene nada que ver con Werther más que en el tratamiento epistolar. Así que no esperen un suicidio. Es una historia de amor, libertad, verdad... y sobre todo de música.